martes, 18 de junio de 2013

El pensamiento se piensa a si mismo

El pensamiento se piensa a si mismo


El artículo propone el pensamiento como una realidad autónoma, independiente de las personas y reflexiona acerca del papel de la tecnología en la conciencia actual.

Para saber más

El fenómeno del pensamiento intruso es un buen punto de partida para comprender el pensamiento como una actividad externa, ajena al control de las personas.

Imaginemos a alguien que va caminando por la calle, viendo la televisión, manejando una moto o desarmando una bomba, cuando “de la nada” surge una idea o una serie de ideas articuladas. 

Para ilustrar esto mejor pensemos en una canción que se ha quedado “pegada” en la memoria y se cruza a lo largo del día. Estar escuchando la canción dentro de la cabeza no es el resultado de una intención o una decisión.

Esto no ocurre solo con canciones, puede tratarse de cualquier pensamiento en cualquier circunstancia. Pensado hasta acá no parece tener demasiadas implicaciones. Pero es diferente cuando se considera el carácter intrusivo de TODO el Pensamiento.

¿Todo el Pensamiento? ¿Acaso no hay alguna forma de control sobre lo que pensamos? En principio se diría que sí, puesto que esa es la impresión inmediata que cada persona experimenta en su individualidad. Cada quien se piensa dueño de sus pensamientos, jefe y señor al interior de su cabeza. Incluso todas las personas guardan para sí “secretos” que no quieren contar a nadie y estas impresiones son muy ciertas al ser pensadas desde “dentro”: desde el ego.

Pero lo asombroso es que todo pensamiento hace parte de algo “ya pensado”. 

Ejemplo: 

una persona en sus ratos libres y en secreto planea asaltar un banco, pero este pensamiento de -asaltar un banco- ya ha sido pensado por muchas otras personas en otras circunstancias desde que existen sistemas de almacenaje como los bancos y probablemente está siendo pensado en este momento por muchas personas en el mundo. 

Además otras ideas se suceden en círculos a cada idea. La idea de no contarlo a nadie también ya ha sido pensada al pensar en un robo. (La necesidad de mantener en secreto el asalto se desprende lógicamente del pensamiento del asalto). 

Lo importante de esto es comprender que el pensamiento y la serie de ideas que en él se contienen ya existía “fuera” del individuo aunque sea la primera vez que es pensado en cada sujeto particular.

Más aún, todas las ideas imaginables acerca de cómo robar un banco ya son estudiadas por cualquier agencia de seguridad de bancos a diario.

Entonces ¿Quién piensa? Retomando el ejemplo del sujeto que planea asaltar un banco ¿Quién es el autor del pensamiento que en él se desarrolla? 

Dado que rastrear el comienzo lógico de un pensamiento puede remontarnos a los orígenes mismos de la historia, tal esfuerzo resultaría inútil. Solo rastrear los antecedentes del pensamiento de “robar” ya nos llevaría (por poco) a Moisés y los diez mandamientos.

El Pensamiento aparece entonces inmemorable. 

Desde el punto de vista del ego un individuo puede decir “se me acaba de ocurrir” algo nuevo, experimentando lo ocurrido como una revelación: un Eureka de Arquímedes, una epifanía.

“ La presencia epifánica significaba que una verdad, un aspecto de la profundidad del ser, puede que incluso una divinidad, se hacía presente, y esto significaba también abrirse y revelarse a sí misma a una persona humana o una comunidad. Esta presencia era, así, una visita, una intrusión en la esfera humana, un ser introducido por la realidad que se manifestaba por sí misma y por tanto ser alterado por ello”. Dice Giegerich en “La función de la televisión y el problema del alma”.

Tradicionalmente se puede atribuir el origen del pensamiento a una revelación proveniente de un ente superior que habita en un nivel más allá de nuestra percepción cotidiana. 
Se puede recordar la anunciación de la virgen como un antecedente formal que explique la aparición repentina de algo en la mente o explicarlo como un estado de posesión espiritual donde un daimon ha susurrado algo al oído del sujeto y lo ha convertido así en un iluminado, un elegido cuya misión ahora es llevar a cabo una misión (ejecutar y desarrollar el pensamiento ocurrido). 

“El hecho de que a menudo tales experiencias fueran expresadas con imágenes de unión sexual (como, por ejemplo, en el misticismo), y a veces incluso con imágenes del resultado de un embarazo (por ejemplo, el dios griego Zeus teniendo hijos con muchos muchos seres humanos), muestra que tal presencia implicaba también una germinación o, usando una palabra más psicológica: una iniciación. Una epifanía era siempre una llamada a aquellos que la experimentaban para ser iniciados en el significado interior del aspecto de la realidad que se había manifestado”. (Giegerich).

La causa o proveniencia del pensamiento se atribuye a un ente que depende del espíritu de la época al cual pertenece, de forma inevitable, cada individuo.

Es legítimo que una persona atribuya el origen de un pensamiento revelador a quien sea. Incluso se puede establecer toda una jerarquía con niveles y estratos o dimensiones definiendo el origen o proveniencia de los pensamientos a partir de ángeles, arcángeles, dioses etc.

Lo constante es que un pensamiento se alimenta a sí mismo. Aunque dicha conexión parezca invisible para el sujeto que ha tenido la “revelación”. 

Pensamos aunque no lo sepamos y no siempre sabemos lo que pensamos. El pensamiento es el origen del pensamiento.
“Son los mismos pensamientos los que se piensan a sí mismos, una especie de noésis noéseós [el pensamiento que se piensa a sí mismo, en la expresión de Aristóteles en su Metafísica]”. (Giegerich).

El transcurso de los pensamientos es lógico, este es el discurrir del logos en la historia que permite reconocer las ideas de un pensador enmarcadas en una época. 

Cuando se mira la tecnología por ejemplo es relativamente fácil identificar el desarrollo lógico del pensamiento. La pintura se convierte en fotografía que se convierte en cine y luego en televisión que se convierte en videojuego que se convierte en Atari que se convierte en Nintendo que se convierte en Sega que se convierte en Supernintendo que se convierte en Wi.

Visto desde el punto de vista del sujeto, cuando el pensamiento se descarrila o es incoherente, los psicólogos y psiquiatras comienzan a sospechar de esto como un síntoma patológico. 

Si el pensamiento es lógico y se piensa a sí mismo ¿Dónde quedan las personas y todo su estilo propio, su autonomía y libre albedrío? Precisamente esto es lo más inquietante para el ego… Para el pensamiento las personas resultan irrelevantes, secundarias. 

Si un ladrón se encuentra diseñando su próximo robo bancario y muere de un disparo en la cabeza, el pensamiento del robo bancario no muere, sencillamente encontrará otro cerebro donde pensarse a sí mismo e iniciará el proceso desde cualquier punto variando solo de acuerdo a las características propias del sujeto y del banco a robar. Por más ladrones que maten, el pensamiento del robo no morirá. (Hierba mala nunca muere) dice el refrán.

Es difícil para el individuo aceptar que todo cuando ha pensado en su vida no es nuevo ni lo será desde el punto de vista del pensamiento. Una de las formas de no aceptación de esto más comunes consiste en menospreciar el pensamiento como una función torpe y lenta que el ser humano ha desarrollado y que no alcanza la pureza del sentimiento, la intuición o la emoción.

Sin embargo las palabras que parecen sustituir la manera en que el individuo es consciente como: sentimiento, emoción, iluminación… son conceptos del pensamiento también. 

La tecnología, el alma de nuestro tiempo, invita a abandonar el pensamiento para seguir en cambio otras opciones de conciencia que implican un esfuerzo menor: las sucesiones de imágenes de la televisión, con su cambio permanente y continuo. La navegación intuitiva y viso-espacial de WWW que implica también un fluido rápido de páginas, ventanas, iconos y datos con información inmediata, carentes por completo de toda reflexión. 

Incluso ya se puede ver esto en muchos de los gurúes de hoy quienes invitan a sus seguidores a abandonar los pensamientos de una vez por todas para entregarse a "vivir en el presente”, de manera sensorial, como lo único que tiene existencia real, inmediata, fácil de seguir, a solo un clic de distancia.


Sobre el autor: 

Pablo Espinel Casasbuenas es psicólogo en Therapion.com  

Bio: Psicólogo de la Universidad de la Sabana. Bogotá, Col. Diplomado en familia, contexto y adolescencia. Cursando actualmente un Magister en Filosofía en la Universidad de los Andes (Colombia). 

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